martes, 4 de julio de 2017

Patatas, orgías, Barbie fashionista y análisis de sangre

Ayer fui a la oficina de Correos. En la cola ya estaba mosqueada porque estaba viendo que probablemente me tocaría ir a la mesa de Lamujerdelosproblemas, así la llamo en mi mente. Cuando me atiende otra persona no hay ningún contratiempo, todo fluye. Sin embargo siempre que me atiende ella lo hace de malos modos, no es amable, parece enfadada con el mundo y siempre le saca alguna pega a los paquetes que quiero enviar, nunca está a su gusto. Total, que yo ya estaba mentalizada, planeando como poner mi cara de borde máxima para que se diese cuenta que no me gustaba un pelo como me trataba y además me había decidido a no decir mi sonriente "hola" al llegar a su mesa. De todas formas nunca recibo una respuesta.
 Así que cuando llegué me puse a sacar de la bolsa mis paquetes para enviar y de repente me dice "Buenos días" con una gran sonrisa de oreja a oreja y yo le devolví la sonrisa medio sonrojada diciendo el tímido "hola" que prometí no pronunciar. Me sentí fatal, de repente la mujer me dio ternura porque se puso a colocar las pegatinas a los paquetes con cuidado sin decir ni un pero y antes de terminar todo me dijo "bueno, ya está todo lo de hoy, hasta mañana". Me sentí fatal por haber planeado ser borde con ella ese día, siempre me pasa lo mismo, cuando me planto (o al menos planeo plantarme) ante una situación que lleva tiempo molestándome, la gente me suele sorprender con un gesto bondadoso (en comparación a su comportamiento normal) y entonces se me encoje el corazón. En mi cabeza soy durísima y no tengo piedad a la hora de no perdonar ni una, pero en realidad soy una blandita.

Debajo de esos papeles hay un carrito con un montón de cosas para preparar paquetes y cartas bonitas para que después en Correos me planten una pegatina del tamaño de Rusia que estropee todo lo bonito del envoltorio.

 Estoy algo asustada por mi adicción a coleccionar cosas bonitas. Lejos de calmarse, la adicción aumenta y ya cada vez que voy con Marido a hacer la compra tenemos que pasar por el pasillo de los juguetes como si fuese una niña pequeña. No puedo perderme las Barbie fashionistas ni los Lego Disney ni tampoco los Playmobil country. Estoy luchando fuertemente por no caer con los hermosos Sylvanian families, por suerte no están en un hipermercado a mi alcance, sino que para verlos tengo que ir a una juguetería, cosa que por cierto, hago bastante a menudo.
 Si solo fuesen esas cosas estaría tranquila, pero no, también recopilo bonitos bolígrafos, cuadernos, libros, Funko pop, My Little pony (pero de los antiguos), muñecas de las princesas Disney, peluches, pequeños objetos hechos a mano... No tengo nada que hacer contra tal cantidad de adorabilidad. El otro día miraba la estantería que ahora está a rebosar de pequeños monstruitos artesanos y, aunque son preciosos, negaba con la cabeza viendo como me había fallado a mí misma cuando compré el primero prometiendo que solo quería ese y ya ni uno más.

Estos monstruos son de Miss Little Zombie, por si queréis caer en la tentación.

 Marido está superasustado porque mañana tengo que ir a sacarme sangre. No está preocupado por mí, no, está preocupado porque es aprensivo, como yo, y el simple hecho de entrar a un hospital y ver agujas le pone malo. Yo también lo estoy, ¡para qué mentir! Nunca me han sacado sangre voluntariamente. Las dos o tres veces que lo han hecho estaba tumbada en una camilla de urgencias porque me había desmayado en algún lugar del mundo, algo más frecuente de lo que me gustaría, así que podríamos decir que esta es mi primera vez de persona adulta y responsable que quiere vigilar su salud. Pero más que el pinchazo me asustan los resultados, no quiero que me digan que tengo diabetes. Un poquito de colesterol no me preocupa o falta de hierro, pero no quiero ser diabética y estoy mandando buenas vibraciones pensando en salud plena todo el tiempo para que todo salga bien.
*Mandar buenas vibraciones es la versión atea o agnóstica de rezar.

Además me han dicho que no coma nada después de las 20:00 de hoy. Parecerá una tontería pero para mí es una tortura no comer por la noche y más aun salir de casa mañana sin haber tomado ni una triste manzana.

 Mi madre insistió en darme patatas de la huerta de mi abuelo. Yo quise rechazarlas, pero se me hace muy complicado rechazar comida en general y productos de la huerta en particular. Marido y yo no sabemos cocinar. Siempre cocina él porque a mí además me aburre un montón y a él le gusta hacerlo, pero la verdad es que no sabemos más que hacer cosas básicas, lo justo para sobrevivir. Por lo que pelar patatas, cebollas, ajos y demás productos naturales no entra en nuestra lista de cosas que solemos hacer. Y es una lástima, porque yo adoro comer comida de verdad cada vez que les hago una visita a mis padres, pero la cocina es algo que no me gusta, por mucho que comer bien sí. Total, que estoy buscando recetas para cocinar esas patatas de algún modo apetitoso y no sé qué hacer con ellas.

Esas mazorcas tienen como 4 años o más y son solo puro postureo.

Hace una semana que terminé la saga de Pídeme lo que quieras y no sé que hacer con mi vida. No recordaba leer a esa velocidad desde Los juegos del hambre, por lo menos. Yo quería leer algo de literatura romántica/erótica y a esta saga la ponían muy bien en diferentes páginas así que me lancé, por eso y porque la versión de bolsillo solo costaba 6,95€ en La casa del libro. Me recordó en muchas cosas a Cincuenta sombras de Grey (sí, también me la leí), pero en versión mejorada. Sin duda los personajes son mucho mejores, la historia también y sobre todo el sexo. A mí el sado no me va nada (como a la protagonista este libro) así que con Cincuenta no disfruté esas escenas a penas, por suerte en Pídeme lo que quieras trata otro estilo de sexo totalmente diferente, como por ejemplo los tríos, las orgías, el intercambio de parejas y el morbo en general. Así de primeras tampoco es que me fuesen mucho aquellas cosas, pero luego lo disfruté muchísimo. El primer libro estuvo bien, sin más, pero el segundo realmente fue una pasada y el tercero también. Ahora me obsesiona saber más sobre el mundo swinger.

Esto es un ejemplo de como hacer una foto medianamente bonita a unos libros con portada hortera.

 Soy una maldita pesada en internet, si alguien ha tenido miles de blogs y de cuentas en mil sitios que después de un tiempo ha abandonado soy yo. Forma parte de mi carácter, me obsesiono con algo, pongo todo mi empeño, me canso, quiero hacer otras cosas y lo abandono. Después de un tiempo empiezo de nuevo porque me vuelve a apetecer, por eso estoy aquí. El ciclo sin fin (que lo envuelve todoooooo...). Muchas veces había pensado en escribir morning pages, que básicamente es como esto pero en tu propio cuaderno privado. Por suerte para vosotros yo soy más de compartir.
Me voy a pelar esas patatas.